Introducción.
La educación, en la línea del tiempo, ha tenido variantes que modifican de cierto modo el proceso de enseñanza-aprendizaje. En las postrimerías del siglo XIX y en las primeras décadas del XX se comenzaron a gestar cuestionamientos que provocaron cambios sustanciales en la educación; sobre todo en las maneras de llevar a cabo el proceso formativo. La sacralidad del aula dejó de estar ajena al acelerado devenir de un mundo urgido por el encanto de los descubrimientos y las respuestas a cuestionamientos más técnicos que filosóficos. Las TIC irrumpieron como panacea en el proceso educativo como medios para hacer eficiente el impacto de la educación en un futuro inmediato.
La educación ha adoptado y adaptado las tecnologías en sus procesos como una manera de acelerar articuladamente a todos los actores que participan en el proceso educativo. Lo que distingue a la era digital de todas las eras anteriores es el rápido ritmo de desarrollo de la tecnología y nuestra inmersión en actividades basadas en la tecnología en la cotidianeidad de la vida. Por lo tanto, es justo describir el impacto de Internet en la educación como un cambio de paradigma, al menos en términos de la tecnología educativa. El reto mayor es humanizar el desarrollo del aprendizaje programado evitando la sola informatización.
Al comenzar el tercer milenio, la humanidad está creando una red global de transmisión instantánea de información, de ideas y de juicios de valor en todas las actividades desarrolladas individual y colectivamente. En esta red ya se puede ver en tiempo real el sentir de la humanidad; pero al mismo tiempo también es posible tergiversar, manipular o frivolizar este sentir; es decir, paradójicamente, los medios tecnológicos y de comunicación también pueden usarse para separar y aislar.
El siglo XXI se caracteriza por la tecnologización de la sociedad, los diversos escenarios de interacción y convivencia humana han incorporado y normalizado la «digitalización» en cualesquier actividad individual o colectiva. Las tecnologías han colaborado de forma extraordinaria en esta adaptación del entorno para la satisfacción de nuestras necesidades; y por lo tanto han jugado y siguen jugando papel fundamental en la configuración de la sociedad y la cultura. Por ejemplo, las tecnologías que nos rodean están asentadas en la sociedad que se han integrado y normalizado en nuestras vidas como una segunda naturaleza.
Ortega Carrillo (2004) señala que el auge de las nuevas tecnologías en el último tercio del siglo XX ha despertado grandes esperanzas a la humanidad al ponerle en sus manos poderosos instrumentos de comunicación que pueden favorecer el desarrollo, la extensión de la cultura, la educación, la democracia y el pluralismo.
Estamos inmersos y protagonizamos un nacimiento de la nueva sociedad en red (interconectada, intercomunicada, interrelacionada, articulada, tecnoinformada) cuyas cambiantes bases auguran importantes alteraciones en los esquemas sociológicos acuñados durante siglos. Las fronteras geográficas son desplazadas por un mundo más articulado y cercano gracias al uso de la tecnología y a la tecnoinformación.
En la enseñanza los nuevos medios influyen en los aspectos curriculares: en la nueva formación y actividad de los docentes, en la redefinición de los lugares formativos, en los enfoques didácticos y en las estrategias de comunicación educativa, en la organización del centro escolar y en el papel que debe asumir el alumnado. La tecnología es hoy un medio clave para mejorar las destrezas de los alumnos.
El objetivo es que cualquier escenario pueda convertirse en espacios de aprendizaje, si smartphones, tabletas y apps forman parte de su día a día, no pueden quedarse fuera del aprendizaje.
La tecnología es un elemento clave que ofrece multitud de posibilidades para el desarrollo personal y la mejora de las habilidades académicas; es un medio para ayudar a los estudiantes a aprender a mayor velocidad y de manera eficiente.
En consecuencia, el modelo tradicional de impartir clase se desplaza dando cabida a modelos más tecnologizados; en las aulas del presente hay espacio para la creatividad, para inventar y para integrar las herramientas digitales que usamos cada día.
El principal reto no radica en la incorporación arbitraria de la tecnología en los procesos educativos; se trata de mejorar la calidad de los contenidos, estructurar y diseñar cursos con ingenio y creatividad para que resulten atractivos y dinámicos. Ante este escenario se replantean las funciones de los actores educativos, por ejemplo, el profesor como principal poseedor de la información, que transmite a través de una cátedra transita a un modelo de profesor que tiene la experiencia de aplicar esa información y facilita la construcción del conocimiento en sus estudiantes.
También los ambientes de aprendizaje juegan un papel importante al integrar las herramientas para facilitar información, realizar ejercicios, evaluar, colaborar, entre otros. Habría que considerar si los andamiajes estructurales de la educación se han modificado por la tecnologización de los escenarios educativos y las disrupciones provocadas por el fenómeno pandémico.
Filosofía y educación.
Estamos ante escenarios planetarios vertiginosos. El mundo digital está cambiando nuestras vidas de tal manera que vemos alterada nuestra propia identidad personal, nuestra forma de relacionarnos, de comprender el mundo que nos rodea y de enfrentarnos con la propia finitud de nuestra existencia. En efecto, la tecnología se ha permeado en casi todas las actividades del hombre contemporáneo.
Un mundo que se mueve vertiginosamente nos confronta y nos obliga a re-pensarnos desde lo digital, ciudadanos digitales, aislados pero unidos por la cibercomunicación ¿estará en riesgo lo humano? O mutaremos a una nueva manera de humanizar nuestra relación con el entorno y la naturaleza afectando lo menos posible nuestra condición humana. Este punto es crucial porque hay personas que han vivido entre siglos y de manera abrupta parten de una micro mirada vertical y manual para introducirse a la mirada horizontal y digital. Tomemos como ejemplo: La Nube.
Calvo (2018) en su libro «Filosofía para la era digital» señala que la Nube es una nueva forma de conservar nuestros archivos, fotografías y todo tipo de información digital en servidores externos a nuestra propia computadora, de modo que podemos acceder a ellos mediante un nombre de usuario y una clave. Ya no tenemos la información siempre en nuestros dispositivos, sino que la tenemos «colgada» en algún lugar del mundo virtual (en algún servidor físico o red).
Esta información no está con nosotros, sino en una especie de memoria virtual, la Nube. A la que se puede acceder desde cualquier parte del mundo, ya que la información está «colgada en el cielo» y se dispersa cuando es solicitada desde un dispositivo electrónico. La Nube es un mundo completo, instalado en la red, que poco a poco va independizándose del mundo material, incluso de nuestros dispositivos electrónicos.
Conclusión.
No es posible extraviar las características que nos definen como seres humanos: libertad, voluntad, trascendencia, entre otros. Lo que sí está en riesgo es la sensibilidad y conciencia para ajustar la digitalización al servicio de la humanidad. Parece que hacemos lo contrario y queremos ajustar la condición humana a la era digital. Ahora una pantalla con miles de píxeles reproduce imagen y sonido. Es la cibercomunicación tan efectiva en algunas cosas y tan fría en otras.
Bajo la mirada del anterior escenario la educación seguirá transformando vidas y generando cambios en todas las áreas. La tecnología no reemplazará la labor educativa como tal; simplemente, la hará más eficaz ante las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI.
Habría que considerar el factor de «humanización de la tecnología» a través de resignificaciones y replanteamientos constantes para hacer eficiente y ordenado el uso e intromisión de la tecnología en las actividades humanas. Particularmente en la educación. Con la tecnologización educativa se logran aprendizajes articulados y «aldeas de conocimiento especializadas» unidas por la red y, a través de depósitos o repositorios del conocimiento se comparten al momento.
Finalmente, se recapitula lo expuesto en el llamado que hace la UNESCO en la Agenda de Educación Mundial que pretende implementar hasta el 2030.
«La Comisión desea poner claramente de relieve que esas nuevas tecnologías están generando ante nuestros ojos una verdadera revolución que afecta tanto a las actividades relacionadas con la producción y el trabajo como a las actividades ligadas a la educación y la formación… Así pues, las sociedades actuales son de uno u otro modo sociedades de información en las que el desarrollo de las tecnologías puede crear un entorno cultural y educativo capaz de diversificar las fuentes del conocimiento y del saber»
La educación y los procesos educativos se verán favorecidos con la tecnología, sin olvidar las capacidades naturales que nos hacen seres con humanidad. Acciones como la reflexión, el sentido de la vida, empatía cuya base es ontológica no tienen cabida en la nube.
Referencias.
ÁREA Moreira, Manuel. (2009). Introducción a la tecnología educativa. San Cristóbal de La Laguna, España: Universidad de La Laguna.
CABERO Almenara, Julio. (2003). Replanteando la tecnología educativa. Comunicar, 21, 23-30.
CABERO Almenara, Julio. (2001). Tecnología educativa. Diseño y utilización de medios en la enseñanza. Barcelona: Paidós.
CALVO, Manuel. (2018). Filosofía para la era digital. España: Almuzara.
FULLAT, Octavi. (1992). Filosofías de la educación. España: Paidea.
ORTEGA Carrillo, J.A. (2004) Redes de aprendizaje y curriculum intercultural. Actas del XIII Congreso Nacional y II Iberoamericano de Pedagogía. Ed. Sociedad Española de Pedagogía. Valencia.
SANCHO Gil, Juana; Bosco Paniagua, Alejandra & Alonso Cano, Cristina & Sánchez Valero, Joan. (2015). Formación del profesorado en Tecnología Educativa: de cómo las realidades generan los mitos. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa, 14.
