La lección que no estaba en el programa – Sebastián Alberto Chiapella – Argentina.

Sebastián Alberto Chiapella es profesor argentino de Biología, Física y Química, egresado del Instituto Superior del Profesorado «Joaquín V. González» (Buenos Aires, Argentina). Con 27 años de experiencia docente, trabajó con alumnos de todos los niveles, incluyendo estudiantes adultos. Se especializa en el trabajo de laboratorio, donde diseña experimentos junto a sus alumnos orientados a poner a prueba hipótesis científicas, buscando siempre una conexión con problemáticas del mundo real, sustentada en el respeto tanto por la naturaleza como por la persona. Actualmente enseña en el Colegio Schönthal, el Colegio La Candelaria y el Colegio Cárdenas, y también se desempeñó como tutor de alumnos y como jefe del departamento de Biología en una de las instituciones donde trabaja.


Institución donde el trabajo fue realizado:

Colegio Schönthal A-581 – Laboratorio de Biología
Av. Nazca 537 – Buenos Aires City, Argentina
Teléfono: 4637-1414
correo@schonthal.esc.edu.ar
www.schonthal.esc.edu.ar

Los mejores aprendizajes no siempre aparecen en la planificación. A veces nacen de una observación inesperada, de una pregunta de los alumnos o de un pequeño brote verde capaz de transformar una clase sobre lluvia ácida en una reflexión sobre la resiliencia, la esperanza y la capacidad de volver a empezar.

Resumen

Muchos de los aprendizajes más significativos en el aula no responden a lo planificado, sino a lo inesperado. Este artículo describe una experiencia de laboratorio de Ciencias Naturales realizada con alumnos de 13 y 14 años, en la que dos pequeños ecosistemas construidos dentro de una pecera fueron sometidos a concentraciones controladas de ácido sulfúrico y ácido nítrico para observar los efectos de la lluvia ácida sobre el equilibrio ecológico. Aunque el objetivo inicial, comprender de qué manera la contaminación ácida altera a los seres vivos, se cumplió plenamente, la aparición espontánea de un brote verde en uno de los ecosistemas que se creía irrecuperable abrió una reflexión que no estaba prevista en la planificación original. A partir de ese hallazgo, la clase derivó en una conversación sobre la capacidad de las personas para recuperarse frente a la adversidad, enriquecida por el testimonio de un alumno sobre la recuperación de un familiar tras un accidente grave. El artículo propone que la observación científica, cuando se acompaña de una escucha atenta de lo inesperado, puede convertirse en una puerta de entrada hacia aprendizajes que trascienden el contenido curricular original.

Palabras clave: Lluvia ácida, Ecosistemas, Resiliencia, Aprendizaje significativo, Educación emocional.

Un ecosistema diseñado para colapsar.

Cuando vi aquel pequeño brote verde creciendo en medio de un ecosistema que todos creíamos completamente destruido, entendí que el experimento todavía no había terminado. En realidad, recién estaba comenzando la enseñanza más importante de todo el proyecto.

FOTO 1: Ecosistemas afectados por los diferentes ácidos.

 

 

Aquella mañana entré al laboratorio como lo hago todos los días para observar los distintos ensayos que realizamos con mis alumnos. Uno de ellos ya había cumplido su objetivo. Durante semanas habíamos visto cómo un pequeño ecosistema se deterioraba lentamente hasta quedar reducido a ramas secas, hojas marchitas y un paisaje donde parecía imposible que volviera a aparecer la vida, sin embargo, allí estaba, una pequeña planta había logrado abrirse camino entre todo aquello que parecía definitivamente perdido.

La experiencia había comenzado varios meses antes con alumnos de 13 y 14 años. Nuestro propósito era comprender los efectos que puede producir la lluvia ácida sobre los ecosistemas. Para eso construimos dos pequeños ambientes experimentales dentro de una pecera utilizando tierra, plantas y pequeños organismos que los propios alumnos trajeron desde sus casas. Buscábamos representar, de la manera más sencilla posible, el equilibrio que existe en cualquier ecosistema natural. Para acelerar un proceso que en la naturaleza puede tardar años utilizamos ácido sulfúrico y ácido nítrico en concentraciones mucho mayores que las presentes en la lluvia ácida real. No pretendíamos reproducir exactamente el fenómeno natural, sino generar una situación extrema que permitiera observar sus consecuencias durante el tiempo que dura un proyecto escolar.

Con el paso de las semanas comenzaron a aparecer los cambios, las hojas perdieron su color, los tallos se secaron y el ecosistema fue transformándose lentamente en un ambiente completamente degradado. Los alumnos pudieron observar claramente cómo una alteración ambiental severa modifica un ecosistema. El contenido que nos habíamos propuesto enseñar estaba cumplido. Pero ocurrió algo que, en ese momento, parecía no tener demasiada importancia. Yo seguí regando el ecosistema, no lo hacía porque esperara un resultado extraordinario, lo hacía porque después de muchos años estudiando biología aprendí que la vida posee una extraordinaria capacidad para persistir. Las grandes extinciones que atravesó nuestro planeta demostraron que, incluso después de los eventos más devastadores, siempre existieron organismos capaces de sobrevivir y volver a empezar. Pensé que, mientras existiera una mínima posibilidad, valía la pena seguir cuidándolo y nunca imaginé que esa decisión terminaría cambiando completamente el sentido del proyecto.

FOTO 2: Alumno que continúa regando con agua los ecosistemas afectados por ácido.

 

De la lluvia ácida a la resiliencia.

Cuando descubrí el pequeño brote verde entendí que tenía que mostrárselo a mis alumnos. En la clase siguiente nos reunimos nuevamente frente a la pecera, al principio todos guardaron silencio, después comenzaron las preguntas. ¿Cómo pudo sobrevivir si estaba lleno de ácido sulfúrico? Estaba todo muerto… pero pudo sobrevivir.

Aquellas preguntas marcaron el comienzo de una conversación que ninguno de nosotros había planificado. Ya no estábamos hablando solamente de lluvia ácida, estábamos hablando de la enorme capacidad que tiene la vida para volver a abrirse camino cuando todo parece perdido.

Les propuse entonces pensar que aquella pequeña planta también podía representar a las personas, les dije que todos, en algún momento, atravesamos situaciones difíciles. A veces sentimos que ya no quedan fuerzas para seguir adelante, sin embargo, muchas veces existe una pequeña semilla que permanece viva y que, con tiempo, ayuda y acompañamiento, vuelve a crecer.

FOTOS 3 Y 4: Aparición de un brote verde en un ambiente afectado por ácido.

 

Fue entonces cuando uno de los alumnos pidió la palabra, con mucha emoción contó que un familiar muy cercano había sufrido un accidente grave. Durante mucho tiempo la familia pensó que nunca volvería a recuperarse, sin embargo, el acompañamiento de sus seres queridos y el trabajo de los profesionales de la salud hicieron posible que pudiera reconstruir su vida, volver a trabajar y reencontrarse con su familia. Mientras todos lo escuchábamos comprendí que aquella pequeña planta había dejado de ser solamente un resultado biológico y se había convertido en una imagen concreta de la resiliencia.

Cuando comenzamos este proyecto queríamos enseñar cómo la contaminación puede alterar un ecosistema. Ese objetivo se cumplió. Los alumnos comprendieron qué es la lluvia ácida, cómo se produce y cuáles pueden ser sus consecuencias sobre los seres vivos. Pero apareció un aprendizaje que no figuraba en ninguna planificación, comprendimos que la naturaleza posee una enorme capacidad para recuperarse cuando encuentra las condiciones necesarias, y comprendimos también que las personas muchas veces necesitamos exactamente lo mismo. Necesitamos tiempo, necesitamos que alguien crea en nosotros, necesitamos que alguien siga «regando» aun cuando todo parezca perdido.

Lo que el experimento siguió enseñando.

Como docente, una de las cosas que más me apasiona de la ciencia es justamente esa capacidad que tiene para sorprendernos. Muchas veces creemos que un experimento termina cuando obtenemos los resultados esperados. Sin embargo, algunas experiencias continúan enseñándonos mucho después de haber cumplido sus objetivos. Aquella pequeña planta apareció cuando el experimento parecía terminado y quizás por eso mismo, nos dejó la enseñanza más profunda de todo el proyecto.

La lluvia ácida era el tema que figuraba en el programa, la resiliencia fue la lección que apareció después.

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