Lo inesperado como Oportunidad de la Enseñanza y Aprendizaje – Prof. Barbara Convertini – Lic. María José Parera – Argentina.

El presente estudio es una invitación a la reflexión del acontecer en la práctica docente y este acontecer como una oportunidad para el proceso de enseñanza y aprendizaje. En el Siglo XXI los educadores y formadores del nivel secundario y superior tenemos el desafío de deconstruir el paradigma educativo en el contexto de las aulas y lo que sucede en esa sinergia del enseñar y aprender, de la relación entre docente, estudiante, la triangulación con el conocimiento y en relación a esto cómo en este contexto irrumpe lo inesperado.

El presente estudio explora la temática acerca del ejercicio de la práctica docente y de lo que acontece del contexto de la situación de enseñanza y aprendizaje. Reflexionar sobre si éste acontecer se puede convertir en una herramienta de trabajo cotidiano y permite un nuevo enfoque del acto educativo.

En primer lugar, debemos identificar el proceso de la situación de enseñanza y aprendizaje. Luego en ella, lo que corresponde al ejercicio de la práctica docente y por último y más importante, lo que surge y acontece en dicha situación. Esto es, lo que nace de ese encuentro debería ser la excusa de lo enseñable o de lo que pueda enseñarse.

En función de lo planteado cabe preguntarnos: ¿hay espacio para lo inesperado en nuestra práctica docente? A partir de la necesidad de un cambio de paradigma ¿estamos los docentes conscientes de lo que significa trabajar con lo inesperado, y a su vez, convertirlo en una oportunidad para la enseñanza? Lo inesperado como oportunidad, ¿no es hoy la clave, o una posible herramienta para poder enseñar en las aulas del siglo XXI?. Pero ¿qué queremos decir con lo “inesperado”? ¿y con la oportunidad? Lo inesperado, posee raíces latinas, un prefijo in (no) y sperare (tener esperanza-de esperar). Se entiende por inesperado que puede ocurrir, acontecer, suceder, ser imprevisible, inesperado, precipitado y puede aludir en un lapso o tiempo.

Entonces, si lo inesperado se relaciona con el acontecer porque marca un suceso, un tiempo, es importante aclarar lo que comprendemos por acontecer. Etimológicamente se compone del prefijo “a” por el latín “ad” cercanía y del verbo activo “contecer”, del latín “acontingere”, o sea que aparece en escena lo que acontece.

 Por otro lado, el concepto de oportunidad: del latin opportunitas, hace referencia a lo conveniente de un contexto y a la confluencia de un espacio y un periodo temporal apropiada para obtener un objetivo. Las oportunidades, por lo tanto, son los instantes o plazos que resultan propicios para realizar una acción.

En consecuencia, todo lo antes dicho, nos lleva a pensar en dos variables: Espacio y tiempo. Cuando el estudiante interactúa en el aula está generando una experiencia. En términos filosóficos y kantianos “cualquier percepción sensible es una vivencia y que toda vivencia es un acontecer al yo. (…) implica el tiempo (…) todo acontecer es un sobrevenir (…) Acontecer significa en el curso del tiempo al que viene a ser”. (García Morente, 2000). Por tanto, a lo inesperado como oportunidad se le suma el puente temporal de lo que acontece como experiencia de lo vivido y percibido. El acto educativo como tal se da en un eje espacio- tiempo involucrando a los actores.

El espacio, es el aula. (1) El tiempo, un momento, un instante, determinado de la trayectoria escolar.

En ese eje los actores, docente y estudiante (2), interactúan en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Cada actor trae consigo mismo, la cultura, su modelo mental, su mirada del mundo. En ese “ahí”, en ese acontecer, aparece lo inesperado producto de la sumatoria de intereses, azar y acción del intercambio. Este punto, casi imperceptible, lo no planificado, es la oportunidad de generar una nueva forma de aprender y de enseñar, clave en el siglo XXI. El desafío es tenerlo presente y hacer de ello un ejercicio cotidiano en nuestra práctica docente Entonces, ¿qué es práctica docente? “podemos visualizarla como una secuencia ordenada, aunque solo sea en la medida en que es algo que se reitera, de tramos de actividad con un cierto sentido, segmentos en los que puede apreciarse un entramado jerárquico de actividades, incluidas unas en otras, que contribuyen a dar sentido unitario a la acción” (Gimeno Sacristán, 1991. Pág. 9)

Vivimos en una especie de anacronismo entre la formación docente que data del siglo XIX, escuelas con aulas e infraestructura del siglo XX y estudiantes con necesidades del siglo XXI. Hoy la práctica se vuelve mecanizada y repetitiva, en este modelo (3) no hay espacio para lo inesperado como oportunidad de enseñanza y aprendizaje, donde el estudiante no era reconocido como sujeto de derecho2, y lo que tenía para decir desde su concepción del mundo quedaba en el plano de lo pasivo, y el docente como dador de lo que debía enseñar. La enseñanza necesita un cambio, un repensarse a sí misma: “Hay que pensar la enseñanza de otra manera (…) ya no puede entenderse como “aplicar” (4) / bajar lo aprendido en el profesorado al aula. Enseñar hoy es (…) crear, inventar, innovar, recrear en situación. Saber moverse en el desconcierto e incertidumbre que generan las escenas escolares actuales, (…) seguir aprendiendo. (…) el poder hacerlo o la posibilidad de poder hacerlo, implica un SABER” (Alliaud.  2014. Pag 3).

En consecuencia: ¿cuán útil es la planificación cuando en el aula irrumpe lo inesperado? Planificar es un acto responsable de nuestra profesión, una herramienta flexible. Pero, la formación docente no enseña abordar lo inesperado en el aula y adolescentes que tenemos hoy en las aulas poseen otras necesidades.

En definitiva, para poder hacer de lo inesperado una situación de aprendizaje debemos establecer algo sumamente importante: el vínculo, el arte de “crear lazos”para Magi. En el universo educativo, crear lazos no quiere decir franquear la relación docente-estudiante, sino fortalecerla, involucrarse. Veamos un ejemplo: El docente entra al aula y los alumnos están debatiendo acerca de las elecciones sexuales o identidad de género, el docente pide que se sienten en sus bancos porque viene a enseñar matemática. ¿Cómo resolvemos esta oportunidad para la enseñanza?

No se trata de dejar a un lado el contenido a enseñar, sino integrarlo, transformarlo en esta construcción cotidiana del enseñar y aprender. Dejar de lado la pregunta del alumno nos deja en nuestra zona de “confort”. Sabemos que existe una Ley de Educación Sexual Integral que nos interpela como docentes, de cualquier área, a trabajar con esta temática. Como docentes tenemos que involucrarnos, salir de esa zona de confort y hacerse responsable que además de ser especialistas en nuestra área, también somos formadores, guías y acompañamos a los jóvenes en su trayecto escolar. Acompañar significa involucrase. La posibilidad radica en habilitar la palabra del otro, habilitar el espacio con el otro y construir este universo de lo posible. Es en esa experiencia, en los términos que propone Gabriela Diker, “se puede decir que la experiencia irrumpe en las prácticas, interrumpe su devenir y las pone en cuestión.” (Diker Gabriela en: Kantor Debora. pag 14)

En conclusión, ¿podemos enseñar en lo inesperado y tomarlo como oportunidad? Todo parece indicar que es necesario, más que posible. El siglo XXI nos convoca e interpela para plantearnos si lo que venimos haciendo en nuestra práctica es lo que nuestros estudiantes necesitan. ¿Tenemos presente al momento de educar, por qué elegimos estar “allí”? ¿Sabemos realmente cuán importante es nuestro rol y qué tan determinante es nuestra palabra? Tal vez el momento de nuestra clase sea el único lugar donde “se” encuentren. 

Lo inesperado genera incertidumbre y temor en los docentes. Tal vez, los adolescentes sepan más del manejo de lo inesperado y sea ese el verdadero temor del docente que representa al adulto que supuestamente tiene el control y es poseedor del saber, y de él se espera todo y más. 

El siglo XXI nos exige determinación, capacidad de escucha, empatía y creatividad a la hora de estar frente a los jóvenes. La capacidad a desarrollar será, entonces, el manejo de lo inesperado como parte del quehacer cotidiano, y el mayor desafío, abrir un espacio dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje donde parte de esa construcción sea también nuestro estudiante, quien tome decisiones y de manera activa sea creador también de su trayectoria escolar tomando conciencia de la importancia de ese trayecto. Debemos comprender que no se puede enseñar de la misma manera, con los mismos recursos y discursos que hace 20 años. El aquí y ahora nos exige romper estructuras y pensar nuevos espacios.  Proponemos tomar las palabras de Mahatma Gandhi: “se el cambio que quieres ver en el mundo”. ¿Cuál va a ser tu próximo cambio?

(1) Se toma el aula como carácter universal. Es necesario aclarar que puede darse en un patio, en un laboratorio, en un espacio para deportes, un museo, salida educativa, entre otros.

(2) Se utiliza el término estudiante ya que concibe al niño y joven como sujeto de derecho, activo, en vez de alumno que refiere a un paradigma más ilustrado.

(3) Refiere a la herencia de la década de los noventa.

(4)Término utilizado por Allaud en la mayoría de sus textos cuando hace alusión al oficio del maestro como saber sacralizado

(5) “Crear lazos”, el autor lo extrae del libro “El Principito” Saint-Exupéry que hace referencia en sus escritos.

(6) En Argentina Ley Nacional de Educación Integral -Ley ESI Nº26.150

Bibliografía:

·Alliaud, Andrea. (2014) “El Campo de la Práctica como instancia privilegiada para la transmisión del oficio de enseñar”. Jornadas sobre el Campo de la Formación para la Práctica Profesional. Instituto Nacional de Formación Docente. Ministerio de Educación de la Nación. Bs As. 

·Alliaud, Andrea. (2012) “Qué debe saber un docente y por qué. VIII Foro de Santillana. Saberes docentes” en: Material de lectura. Diplomatura en Educación y Práctica docente. Fundación Archipiélago. UMSA. Bs. As.

·Cornu, Laurence. “La confianza en las relaciones pedagógicas”. Disponible en: http://www.bibliopsi.org/doc.

·Kantor, Débora. (2008) “Variaciones para educar adolescentes y Jóvenes”. Buenos Aires: del Estante Editorial.

·Magi, Guillermo. “La planificación en nuestra tarea de Educadores”.  en: Material de lectura. Diplomatura en Educación y Práctica docente. Fundación Archipiélago. UMSA. Bs. As.

·Magi, Guillermo. “Solo se trata de “crear lazos”. En: Material de lectura. Diplomatura en Educación y Práctica docente. Fundación Archipiélago. UMSA. Bs. As. Maturana Romesin, H. y Pörksen, B. (2004) “Del Ser al Hacer”. Chile: JCSAEZ Editor.  

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